27 jun 2016

Colombia desaprovecha la tierra


El enorme potencial agropecuario no se usa eficientemente

Visualizar lo que hay sembrado y lo que podría cultivarse: sobre esto es que hace foco la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) de Colombia, que busca determinar cuál es la potencialidad de la tierra.
Sin embargo, el presidente de esta entidad, Felipe Fonseca Fino, expresó en entrevista con El Tiempo de Bogotá que “Colombia tiene un enorme potencial agropecuario, pero está muy lejos de utilizarlo eficientemente”.
Cifras
De los 114 millones de hectáreas que tiene el país, 26 millones tienen posibilidades para la producción agrícola, pecuaria y forestal, y solo se produce en 6,3 millones de hectáreas (24,2 %).
Por otro lado, de suelos que son para uso agrícola (11.3 millones de hectáreas), solo se aprovecha el 35%, lo que deja de manifiesto la cantidad de tierra desaprovechada.
Esto se acentúa si se agrega que para uso ganadero hay 8 millones de hectáreas y se dedican 38 millones para actividades de pastoreo (llevar a los animales de un lado al otro).
A raíz de esta ineficiencia, al ser consultado sobre medidas para aprovechar, Fonseca Pino respondió que desde la Upra se está planteando  “implementar la política nacional de ordenamiento productivo y social de la propiedad, orientar instrumentos financieros en función de la aptitud del suelo para cada cultivo, de la mano con la regularización de la propiedad”.
Y en cuanto a los principales motivos del desaprovechamiento del potencial que tiene la tierra para la agricultura respondió lo siguiente: “La principal razón en este sentido es eldesconocimiento de los mercados agropecuarios, seguida de una baja productividad y competitividad de las actividades, y un rezago en materia tecnológica. También se asocia al tema el bajo nivel de formalidad en la propiedad rural”.
Toda esta situación lleva a que Colombia tenga que importarcerca del 30% de los alimentos que se consumen en los hogares, en base a cálculos de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), cuando la realidad podría ser otra.
Una tarea pendiente
Según el jerarca, para mejorar el aprovechamiento de las tierras aptas habría que implementar programas en regiones como el Caribe colombiano, de la mano de riego y drenaje, así como la altillanura.
De esta manera, señala El Tiempoidentificar las zonas, los cultivos y la viabilidad del mercado se ha convertido hasta ahora en una tarea pendiente, pero por demás necesaria para darle mejor uso al campo.
A esto se suma que el desarrollo rural ha sido un tema candente y motivo de intercambios y de inicios de acuerdos –incluso formó parte de las negociaciones del proceso de paz- entre el gobierno colombiano y las FARC.
Tierra desnutrida, pero…
La propia Upra en su estudio da cuenta de que hay vastas extensiones de tierra en Colombia que tiene pocos nutrientes. Como el suelo amazónico, por ejemplo, que es pobre y con poca extensión apta para la siembra.
Sin embargo, las posibilidades para plantaciones forestales comerciales crecen en la zona y tampoco son aprovechadas.
¿Qué sembrar?
“Según la política Colombia Siembra, que se propone sembrar 1 millón de hectáreas más, se han priorizado productos como los forestales, cacao, palma de aceite, caucho, maíz, aguacate hass, mango, pasifloras, entre otras. Todo depende de los análisis de mercado para cada caso, esta es la señal que debe orientar lo que hay que sembrar”, expresó Fonseca Fino a El Tiempo.

De esta manera, Colombia tiene por delante un gran desafío, además de consolidar el anhelo de millones de personas en cuanto a la paz duradera: el de aprovechar mejor el potencial de tierras que tiene para asegurar más alimentos propios y, por ende, mayor calidad de vida y trabajo para su gente.

25 jun 2016

¿Qué opina de la formación de los filósofos en América Latina? MARIO BUNGE

Desde que tenía 16 años, Mario Bunge se interesó por las Ciencias Exactas y la Filosofía. Aunque en las últimas décadas algunos han intentado mostrarlas como antagónicas, para este científico son complementarias. Primero, estudió Física en la Universidad de La Plata y luego Filosofía por su cuenta. Es profesor emérito de la Universidad McGill. También ejerció el periodismo para la Agencia EFE. La reimpresión del libro ¿Tiene porvenir el socialismo? (Gedisa) causó un gran revuelo en México durante su lanzamiento. Por su oposición al peronismo tuvo que esperar hasta el año 1955 para poder ingresar como docente en el país austral. Desde 1966 vive en Canadá. Entre sus obras más destacadas se encuentran: Fundamentos de biofilosofía; Mente y sociedad; La investigación científica: su estrategia y su filosofía, y el más reciente, Mis memorias: entre dos mundos, además de muchas otras. Hablamos con él para conocer su visión sobre la apuesta de Colombia por la paz y la opinión que tiene frente a la desmovilización de las Farc.

Hay una situación preocupante y es que, en América Latina, muchas universidades tienen sus programas orientados hacia el estudio de autores y no por problemas de la realidad. Forman expertos en la obra de Sócrates y Platón, especialistas en Kant, algunos profesores repiten una y otra vez las palabras de Wittgenstein, datos anecdóticos de su vida, pero no brindan espacios para pensar filosóficamente. Ser filósofo no es repetir palabra por palabra fragmentos de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, no.

¿Cuál es el perfil de un verdadero filósofo?

El filósofo es quien estudia los problemas de nuestro tiempo para buscar una solución, como lo hacen los científicos. No quedan muchos filósofos en América Latina, sino personas que han dedicado su vida a repetir las obras de otros pensadores como Marx, Hegel, Aristóteles, Walter Benjamín, y en los últimos años, de los charlatanes y delincuentes como Foucault y Jacques Derrida.

¿Por qué llama delincuentes a Michel Foucault y a Jacques Derrida?

Foucault falsea muchos datos en su ‘Historia de la locura en la época clásica’, y la ‘Deconstrucción’ es tan sólo un juego confuso de palabras que pasan ante los más ingenuos como sofisticadas. Tanto Foucault y Derrida fueron discípulos de Nietzsche, quien hacía parte de la reacción a la Ilustración. Todos ellos han cuestionado la idea de la verdad, como si fuese un valor. Nunca han resuelto un problema práctico, y han hecho mucho daño alejando a los jóvenes del estudio de la ciencia, que es clave para la convivencia, puesto que contribuye a la comprensión de nosotros mismos. Han comparado a los políticos con los científicos, algo absurdo.

¿Cuáles son las tareas fundamentales de los filósofos y científicos colombianos?

Una tarea que no da espera es revivir la Asociación Colombiana de Filosofía de la Ciencia. Recuerdo con gran aprecio a mi amigo Carlo Federici, quien fue uno de sus más importantes impulsores. Hoy existen algunos valiosos esfuerzos académicos en este ámbito, como la Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia, en la que participa uno de los discípulos de Federici, Gustavo Silva Carrero y en la Universidad del Valle, el profesor Germán Guerreo Pino. Por supuesto, todos los científicos, tanto de las Ciencias Exactas como sociales, deben buscar contribuir a culminar los problemas de Colombia investigando, develando la realidad, buscando la verdad, dejando atrás las pseudociencias como el psicoanálisis. Son muchas las tareas que tienen pendientes.

Hablemos de la relación entre el político y el científico, algo que sigue siendo debatido en las universidades colombianas...

Los científicos no hacen política. Algunas personas que han estudiado alguna carrera científica y son pésimos investigadores, hacen lobby para conseguir un puesto más alto en la universidad, pero son una minoría. Los verdaderos científicos buscan nuevos conocimientos que ayudan a transformar la sociedad, pero Foucault y Nietzsche no lo pudieron comprender porque estaban ensimismados, enfermos de ego, posando, buscando siempre ser vistos, como algunos de sus discípulos que posan una y otra vez ante los medios de comunicación y cuando hablan, no dicen nada importante. Afortunadamente, el posmodernismo está moribundo.

¿Cuál debe ser el papel de los científicos en la actual coyuntura que vive el país?

Investigar y producir conocimiento útil para la aplicación de las políticas públicas en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas. Esto no quiere decir que se deban inmiscuir en debates políticos, sino que deben asesorar a los políticos en la búsqueda de la paz. Cuando el científico se inmiscuye en la política pierde la objetividad.

Algunos temen que los excombatientes de las Farc no puedan adaptarse a la cotidianidad sin armas. ¿Qué opina?

Por supuesto que podrán reintegrarse. En la historia de la humanidad siempre ha sido así. Fíjese lo que pasó en la primera y segunda Guerra Mundial. La gente que peleaba en distintos bandos tuvo que retornar a la vida civil, a la vida cotidiana. Lo que quieren todas las personas es vivir de forma tranquila, nadie quiere vivir en la guerra. Muchas veces los que participan en la guerra lo hacen contra su voluntad, porque no tienen otra forma de ganarse la vida o fueron forzados y la única manera de sobrevivir es haciendo parte de ella. La guerra nunca resuelve un problema y no es útil para nadie, excepto para los fabricantes de armas, que se enriquecen de ella.

¿Lo siguen sorprendiendo los descubrimientos científicos?

Por supuesto, la realidad humana está repleta de vacíos que debemos explorar. Todos los días, las investigaciones científicas avanzan a pasos de gigante. Cada día se descubre una nueva arista de un fenómeno, eso me parece fascinante.

¿Cuál sería su recomendación para los encargados de impulsar la investigación científica desde el Gobierno?

En lugar de recortar los dineros para investigación, lo que se debe hacer es impulsar las asociaciones de científicos y apoyar a quienes quieren difundir la ciencia con autonomía; pero en este momento, en Colombia, es importante el desarrollo y la investigación científica, porque es la única vía para acabar con los problemas de la sociedad y sepultar la amplia desigualdad que ha ocasionado en su país muchos males. Recuerde que, como decía Jean-Jacques Rousseau, la desigualdad es la fuente de todos los problemas sociales.

¿Qué tanto impacto tienen en el mundo las investigaciones científicas desde el Sur Global y el mundo ibérico?

En los últimos años ha habido un aumento considerable de papers y patentes desde América Latina, pero aún es bajo, comparado con la producción científica que tiene lugar desde los Estados Unidos. Argentina y Brasil puntean la producción. La culpa de este retraso en la investigación la tienen en gran medida las relaciones coloniales primigenias con España, para aquella época, el imperio más confesional y retrógrado. En España continúan reinando la espada y la cruz, su contribución al desarrollo científico es hoy mínimo.

En su más reciente libro ¿Tiene porvenir el socialismo?, en colaboración con otros autores, cuestionan sobre las posibilidades de este sistema de producción? En América Latina hemos visto cómo han venido en debacle los gobiernos que se autoproclamaban de izquierda. Luego de la experiencia europea, soviética y esta reciente ola en América Latina, ¿podrá sobrevivir una nueva experiencia de socialismo en otra parte del mundo?

Es una pregunta difícil de responder, ya que versa sobre el futuro. Pero, debemos señalar que algo innegable es la desaparición del modo de producción capitalista, que cada día está acabando con los recursos naturales y humanos. Las experiencias del socialismo fracasaron porque eran marxistas, es decir que buscaban la respuesta a los problemas que enfrentaban en los textos de Marx y Engels, luego en Lenin y otros pensadores, pero esos textos nada podían decirles. En América Latina sucedió igual, cuando ni siquiera Marx estudió la realidad latinoamericana. Entonces el marxismo se convirtió en una forma de colonialismo intelectual. Todos veían a los campesinos como señores feudales, hablaban de burgueses y proletarios, cuando la industria era apenas incipiente. Los recientes experimentos también han caído por ese colonialismo intelectual que busca resolver las contingencias con los escritos de pensadores del siglo XIX, dejando de lado las recomendaciones de los científicos contemporáneos.

Otro de sus centros de interés es la filosofía de la medicina. Los sistemas de salud en América Latina en países como Colombia, experimentan diversos problemas que afectan la calidad de vida de sus pacientes y de sus trabajadores. ¿Qué pueden hacer los médicos frente a este panorama?

En principio organizarse en sociedades médicas y luchar, pero no sólo por la difusión de sus investigaciones sino también por objetivos gremiales, por sus derechos: que se les pague bien, que se evite la sobre carga laboral -es muy peligrosos para un paciente ser atendido por un médico que no ha dormido ocho horas-. Una buena calidad de vida para los médicos se transmite a sus pacientes.

¿Qué recuerda de su primera visita a Colombia?

Visité el país en los años setenta, atendiendo una invitación de la Academia Colombiana de Ciencias. Mi charla era un día domingo, pensé que nadie asistiría, pero el auditorio estaba a reventar. Desde los últimos asientos me gritaron, “maestro, ¿qué es el amor?”, los asistentes estallaron en risas, yo quedé desconcertado. Esperaba una pregunta sobre otros temas y, bueno, no había estudiado el amor. Desde ese momento empecé a examinar el tema con rigor. El amor es una parte fundamental de la realidad humana y animal, y su comprensión científica también es una tarea de los investigadores.

23 jun 2016

GUERRA ANÓREXICA

Peripecias de una historia anoréxica, de una guerra
anoréxica, que ya no alcanza a devorar al enemigo,
debido a que no concibe al enemigo
como digno de ser desafiado y aniquilado ⎯y
bien sabe Dios que grupos alzados en armas no son dignos
de ser desafiados ni aniquilado⎯ y que por lo
tanto se devora a sí misma.

PAZ PARA DISUADIR PROBLEMAS.

Ni estamos en una lógica de la guerra, ni en
una lógica de la paz, sino en una lógica de la disuasión,
que se ha ido abriendo paso, inexorablemente,
a lo largo de años de guerra,
 hasta su desenlace en nuestros acontecimientos
actuales; una lógica de los acontecimientos
débiles.

REHENES DE UNA PAZ DE PROPAGANDA

El rehén es el actor fantasma, el extra que ocupa
el espacio impotente de la guerra. Ahora se
trata del rehén colocado en puntos estratégicos,
mañana del rehén como regalo de Navidad,
del rehén como valor de cambio y como
liquidez. Degradación fantástica de lo que constituía
la esencia misma de la figura del intercambio
imposible. COLOMBIA DA PASO A UN INTERCAMBIO
DE HUMANIDAD O DE SILENCIO. CALLAMOS, PASAMOS LA HOJA, DEJEMOS EL TRABAJO AL PERDÓN, AL ESPÍRITU.

LA PAZ UN REHEN DE LA COMUNICACIÓN.

El rehén ha ocupado el
lugar del guerrero. Se ha vuelto el personaje
principal, el protagonista del simulacro, o mejor
dicho, en su pura inacción, el protagonizante
de la no–guerra. Los guerreros se entierran
en el desierto, únicamente los rehenes
ocupan el escenario, incluidos todos nosotros
como rehenes de la información en el escenario
mundial de los medios de comunicación.
LA FAMOSA PAZ DE COLOMBIA.

PAZ EN COLOMBIA

El acontecimiento de la Habana Cuba, es de una gravedad
que supera el acontecimiento mismo de la guerra:
corresponde al período, altamente nefasto,
de putrefacción del cadáver, que sume en la
náusea y en un estupor impotente. En esta circunstancia
también, nuestras defensas simbólicas
son harto débiles, el dominio del fin de la
guerra no está en nuestras manos, y todos vivimos
este hecho con la misma indiferencia vergonzante,
exactamente como los rehenes.

PAZ EN COLOMBIA

Desde el principio, se sabía que esta guerra
no se iba a producir. Tras la guerra caliente
(violencia del conflicto), tras la guerra fría (el
equilibrio del terror), ha llegado la hora de la
guerra muerta ⎯descongelación de la guerra
fría⎯ que deja que nos las compongamos con el
cadáver de la guerra, y con la necesidad de gestionar
este cadáver en descomposición.

La Paz y Kant

En La Paz Perpetua[1], Kant sistematiza un ideario programático para alcanzar una paz permanente entre los Estados.
Como la paz no es el estado natural del hombre, “el estado de paz entre hombres que viven juntos no es natural”, debe, en consecuencia, ser instaurada por el propio hombre. Esta construcción de la paz gira en torno a una base jurídico-política consistente en la creación de una federación de Estados con constitución republicana como proyecto político para la paz en Europa, bajo la premisa de que “no debe haber guerra”.
Para Kant, la paz es un imperativo de la razón, un deber que excluye el estado de guerra, que “es un mal inaceptable”. Los individuos por medio del Estado se obligan a superar el estado de la naturaleza que les retiene en la violencia. Por eso entiende que es procedente la creación de una federación de Estados que tenga el compromiso de conservar una paz de ámbito universal. Dado que en el estado natural  la paz ha de considerarse inexistente, sólo cuando se hace un deber moral a través de la razón puede superarse el estado de guerra permanente y garantizar su existencia.
II
Kant parte de que hay que adoptar como máxima finalista de la acción racional la consecución de una coexistencia pacífica entre los individuos y entre los Estados. Así pues, el hombre ha de comportarse como si pudiera alcanzar o hubiera conseguido ya un estado de paz perpetua, “que es ciertamente inalcanzable”. El ciudadano debe actuar como legislador cívico, tomando parte de una dirección pacífica de la sociedad a la que pertenece, dado que el mismo logro de la paz queda formulado como un deber moral.
La paz en Kant se construye si se cumplen, en primer lugar, unas condiciones necesarias (sección primera, artículos preliminares), las cuales incluyen un tratado de no agresión mutua para evitar posibles interferencias sobre asuntos internos de otro Estado, el desmantelamiento de los ejércitos profesionales, la renuncia al derecho de hacer la guerra en el futuro, así como también la prohibición de la adquisición de Estados y el desistimiento a la dominación económica de terceros países.
Además, Kant establece en los artículos de paz definitivos (sección segunda), unas reglas para los Estados en orden a conseguir la paz perpetua. Estos artículos indican que el Estado debe cumplir con el requisito formal de constitución republicana.
Esta condición de orden constitucional supone la división y no concentración de los poderes, la idea de una unión federativa (República Universal) y la creación de un derecho cosmopolita por el cual los individuos se conviertan en ciudadanos del mundo, un derecho “que debe limitarse a las condiciones de la hospitalidad universal”.
III
Asimismo, el autor detalla otras ideas secundarias estructuradas en los apartados posteriores de este célebre opúsculo. En el suplemento primero, Kant se refiere a la garantía de la paz perpetua y en el apéndice I y II, Kant estudia la relación entre la política y la moral. Ambas disciplinas no pueden estar escindidas porque esto conduciría al hombre hacia el caos. La moral, al buscar siempre la paz por medio de la conducta, se hace imprescindible para el buen gobierno ya que posibilita la modificación de aquello que no sea acorde a la constitución política de un Estado.
Para Kant, la moral y la política están vinculadas por la ética, “concepto trascendental del derecho público”, que permite al gobierno guiar al Estado con la dirección de una moral pública limitadora de excesos.
IV
En el ensayo sobre La paz Perpetua, brevemente sintetizado en los apartados anteriores, Kant niega que la razón humana pueda trascender y alcanzar la paz perpetua que es “irrealizable como realidad en sí”, si no es desde el plano de la moral.
La paz se convierte en un deber para los individuos en el marco de un Estado cuyo objetivo es preservarla en lo subjetivo. Por tanto, Kant centra su atención en lo puramente subjetivo. Esto se conecta con el sistema que el autor propone en este ensayo para la construcción de la paz perpetua. La razón humana, a través de sus categorías, tiene capacidad para concebir los objetos, sobre cuyos fenómenos puede la categoría actuar. Kant se dedica en esta obra a establecer una serie de principios (en artículos, apéndices y suplementos) con carácter de universalidad.
Por consiguiente, la paz queda vinculada con el conocimiento de la experiencia que no es universal. Se identifica así esta idea con la razón práctica, que es la que formula imperativos a priori, como es el logro de la paz perpetua, que es ley individual que en el ámbito social se aplica como ley general.
De la arquitectura de esta paz perpetua se extrae que para Kant el individuo ha de convertir en ley universal su moral personal, pues al pensar la paz, ésta queda convertida en deber para con todos. Aquí nos surgen ciertos puntos que merecen nuestra atención.
V
El deseo legítimo de paz  entra en confusión con una paz legal de alcance universal como queda concebida por Kant. Lo que su vez genera no pocos problemas de materialización en clave política, pues el deseo de uno no tiene alcance más allá de su mente. La normativa de paz universal se formula ad extracomo deber, y si hay deber también existen derechos de paz para la contraparte, que podría invocarlos en un eventual litigio.
Este aspecto puede examinarse desde la idea del perfeccionamiento o culminación, muy constante en este texto. Un perfeccionamiento de la vida y del Universo a modo de kátharsis que el ser humano espera alcanzar transformando su pecaminosa realidad. En este sentido, la Paz Perpetua de Kant es un adelanto de lo que vendría después con la ciencia política moderna y sus ideologías de base gnóstica, tal como pone de relieve Eric Voegelin en su magnífico ensayo La Nueva Ciencia de la Política.[2]
La operación política objeto de proposición filosófica parece consistir en acelerar el perfeccionamiento del hombre y de la sociedad a través de unos logros sucesivos (políticos, económicos y científicos). En definitiva, que unas disposiciones legales guíen a la moral en la apertura del único y auténtico camino para la perfección salvífica (entiéndase en sentido racional).
De esta forma, algunos filósofos, científicos sociales y políticos, sucesores del idealismo kantiano y hegeliano, creyeron descubrir que la Creación era originariamente errónea y que en consecuencia había que rectificarla. Lo externo debía amoldarse a lo interno, para lo cual concentraron todas sus fuerzas en reconducir el rumbo torcido de un Universo cuya evolución no concordaba con los dictados de sus productos racionales. Entonces, en materia política, la razón dejó de abrirse a la realidad para ajustarse a ella y se optó por la vía inversa: cuadrar la realidad a los dictados de la razón. Los totalitarismos universalistas dan fe de ello. Su fracaso histórico debería servirnos como advertencia.
VI
La ruptura de la concepción tradicional clásica y cristiana del hombre y de la sociedad fundamentó el éxodo de aquel estado de naturaleza imaginario y defectuoso con destino a las tierras prometidas de la Libertad bajo la tutela de los Patriarcas de la Modernidad. Entonces, en sentido contrario que la concepción aristotélica, el hombre dejó de ser social y político por naturaleza[3]. Lo siguiente fue la fundación teórica de un nuevo mundo civil con aspiración cosmopolita por vía de conflicto entre la naturaleza y la razón, resuelto a favor del dominio de la primera por la segunda.
Este razonamiento, promulgado con variantes de diversa índole, tanto a nivel subjetivo o moralizante como a nivel internacional o geoestratégico, pretende superar esa supuesta imperfección natural transitoria del hombre y del Universo a través de la coartada del perfeccionamiento progresivo y progresista. Lo que termina por traducirse en políticas intervencionistas de corte revolucionario y gnóstico, en donde la comunicación, los modelos sociales, el papel de la Economía y del Estado se convierten en peligrosas armas, como se refiere Javier Benegas en su obra Sociedad Terminal[4].
VII
Kant fue pionero en defender que hay unos derechos individuales que son propios e innatos de cada ser humano. Del mismo modo sucede con los Estados, sujetos de derechos en el orden internacional, como sumatorio de individuos que pasan del estado de naturaleza al estado civil.
La clave radica en el respeto a esos derechos de los demás y en esperar esto mismo de los otros, de modo que mediante ésta expectativa de deberes pueda resultar una paz, como bien jurídico objeto de protección legal, en virtud de una obligación contractual recíproca, exigible y perpetua. El derecho, de esta forma, se instrumentaliza como mera herramienta positiva de ordenación y conformación social, previo despojo de su significación tradicional, grecolatina y judeocristiana, referida a la justicia y a lo justo.
Sucede de igual modo a nivel puramente humano, donde de acuerdo a la “diosa” razón, la paz se exige como imperativo perpetuo. Así, por vía de decantación, el derecho opera como ley exterior y la moral como ley interior. Ésta última procura que el hombre rebaje sus instintos no pacíficos y se obligue a someterse a la ley universal de la paz[5].
A mi juicio esta idea puede entrañar una concatenación contradictoria. Por un lado, Kant aboga por una única ley, pero por otro lado defiende la autodeterminación racional. Sin embargo, el hecho de que todos permanezcan, en todo y a la vez, regulados bajo una misma ley, lo es por razón de justicia, que exige que todo se rija por una misma legislación y todos se sometan a una misma jurisdicción.
La cuestión problemática de la autodeterminación, en tanto que soberanía y autonomía subjetiva, es que puede derivar en pluralidad de leyes, a menudo contrapuestas entre sí y conducentes al conflicto. Es difícil sostener el universalismo pacifista como legislación común y  única, al mismo tiempo que cabe para sí y para los demás partícipes de la comunidad universal la autodeterminación racional como afirmación del sujeto o del pueblo, y por ende la posibilidad de su exclusión voluntaria y soberana de dicho sistema.
VIII
El programa de Kant para la paz perpetua también altera la noción del Derecho de Gentes. Éste presupone la existencia de Estados independientes que formalizan alianzas puntuales pero en ningún caso contempla su fusión definitiva en un organismo mundial que los controle hasta la disolución total del conjunto en una República Cosmopolita.
Lo descrito por Kant en este opúsculo recuerda a grandes rasgos el proceso de integración y construcción de la Unión Europea. El proyecto europeo aspira a la instauración de un Estado Europeo que se va perfeccionándose por etapas progresivas bajo condición de paz perpetua.
Jean Monnet concebía una Comunidad en movimiento, “que no tiene fin en ella misma”. Un proceso de transformación continua, “la Comunidad misma es sólo una etapa hacia las formas de organización del mundo de mañana”, bajo unas normas e instituciones comunes para mantener el control de su destino[6]. En efecto, desde el Tratado CECA, se ha fomentado la paz porque era bueno para la economía (como queda reflejado en el Discurso de Schumann de 1950). Si se garantiza esta estabilidad pacífica no es por razón de justicia sino del más estricto utilitarismo, ya que esa paz resulta más rentable y eficiente que una prolongada y deficitaria carrera armamentística entre los Estados europeos y los inherentes riesgos destructivos que eso conllevaría.[7]
Por lo anterior, queda claro en palabras de sus protagonistas políticos, que después de terminar la Segunda Guerra Mundial interesaba apostar por una paz europea y no por una exhaustiva prolongación de la contienda en el continente, a pesar de que hubo ciertos amagos y tentaciones durante la Guerra Fría[8]. El mismo interés por la paz puede observarse en Kant dos siglos antes en el contexto de la Guerra de los Treinta Años.
IX
El dilema planteado consiste en si para prevenir la guerra, hay que luchar por la paz o si quién deseara la paz debería estar preparado para la guerra, tal como reza la máxima latina “si vis pacem, para bellum”[9].
Precisamente por esta razón, Kant propone un sistema moral y legal difícilmente asumible. Los postulados de su paz, al formularse como deber, pueden reputarse faltos de realidad y de moralidad. A propósito de esto  afirma Rhonheimer que, “la ética kantiana no es una ética de virtudes. Y al ser una pura ética del deber, de imperativos de la razón, de la doma de una naturaleza malvada y egoísta mediante la razón, parece que deja fuera necesariamente la esencia de la moralidad[10].
Kant apela por una necesaria regulación internacional de las relaciones entre los Estados, que “abarcaría finalmente a todos los pueblos de la tierra”. Dicha aspiración kantiana contrasta una vez más con los datos de la realidad, cuya estructura ya  observamos en el funcionamiento de Naciones Unidas.
La ONU representa la supuesta unión global y cosmopolita de todas  las naciones. Sin embargo, en la práctica se trata de una institución muy mejorable, en particular su Consejo de Seguridad, cuya estructura hace incapaz de llevar a los tribunales a los gobernantes que violan los derechos fundamentales, declarados universalmente en 1948 como “ideal común” (según expone el mismo Preámbulo de la Declaración), y sin efectos vinculantes. A una casi interminable lista de despropósitos de esta organización internacional habría que añadir el hecho de que en su Asamblea General estén representados países que no cumplen el requisito de ser Estado de Derecho, así como los numerosos casos de corruptelas que han ocurrido en el seno de su laberíntico entramado de organismos mafiosos que operan internacionalmente con la excusa de la paz mundial.
X
Es evidente que la paz concebida según Kant contrasta con la paz bíblica. Las  palabras a este respecto del Cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz sobre la distinción entre pacíficos, pacifistas y pacificadores, cobran especial relevancia a modo de reflexión final. Para este autor “la paz nunca será sólo fruto de funcionamientos estructurales o de mecanismos jurídicos y políticos. Una paz “impersonal”, fruto de lógicas independientes de la persona, es una contradicción en los términos[11].
Lo fundamental que hace notar el Cardenal Martino es el significado de paz como patrimonio de la persona, como una cualidad ética y espiritual propia, que hace que el pacífico sea “el hombre, cada persona capaz, por don de Dios y por virtud propia, de vivir una relación no conflictiva consigo mismo y con los demás”. En cambio, el pacifista es “quien se moviliza por la paz y hace de ella un proyecto social y político…el pacifismo no se contenta con testimoniar, quiere convencer, adquirir consenso, traducirse en propuesta vencedora y, por lo tanto, también de poder…que se puede transformar en una ideología, maniquea en sus juicios y hasta intolerante. Insensible a la complejidad de las situaciones”. Esto desemboca en una paz abstracta, globalizada e impersonal. Una paz reducida a ideal tras la cual todo queda en nada.
En sentido antitético a lo visto en Kant, se abre la luz del Evangelio con el pasaje de Juan 14, 27, “os dejo la paz, mi paz os doy. No os la doy como la da el mundo”, pues tal como escribía San Agustín, “tener la paz significa amar[12], la paz se presenta como Amor y amar no es un deber moral sino la virtud de dar los bienes que se reciben de Dios. En consecuencia, uno de los resultados de amar es la paz. Una paz que sólo en la consumación del Reino prometido será perpetua.
XI
Lo que Kant propone es aislar una razón práctica de toda inclinación afectiva y con ello garantizar un edificio alternativo para posibilitar cierto criterio con el cual poder determinar el bien. El deber moral prescinde de toda inclinación amistosa y amorosa, pues en Kant hay deber puro cuando lo racional y la inclinación sigan direcciones divergentes.
Los mandamiento nuevos de Cristo, “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,39) y “que os améis los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 13,34)”, serían desde la óptica kantiana un deber y solo eso, pues el amor se entiende como sentimiento incapaz de ser motor de un acto moralmente bueno. Se prescinde a sabiendas de la experiencia de la fe, olvidando con ello que hay una dimensión en el desarrollo del encuentro personal entre Dios y el hombre en el que el Padre se revela a sus hijos a lo largo de la historia, dándole signos de su amor. Por eso, el amor no puede ser considerado únicamente como un sentimiento, como se refiere Benedicto XVI en su Encíclica Deus caritas est[13].
Precisamente, porque el amor no es solo un sentimiento, es factible su realización como mandato, pues siempre el amor de Dios es primero, por eso el hombre puede corresponder también con el amor, y es un deber porque considera racionalmente que amar al prójimo y a Dios es bueno, y por eso lo juzga como un deber, no a la inversa, como propone Kant.
Por último, en el esquema Kant se hace preciso reducir a Dios a mero postulado, dado que la idea de Dios es hecha por el hombre mismo para servir como resorte en su comportamiento. Al establecer una comparación entre este planteamiento respecto a una ética de virtudes, es evidente que en esta última no se necesita reducir a Dios a un postulado: el objeto de la razón moral no mutila la afectividad sino que la forma, impulsando al alma y al cuerpo a lo mejor, que es el encuentro con Dios.
De ahí que quien proponga una ética de virtudes afirmará que lo que mueve al hombre a actuar es el bien intrínseco: el hombre actúa movido por el hábito y la virtud (areté), y en particular, por la más alta de ellas, que es la caridad (agápe), que Santo Tomás de Aquino definió como verdadera e incondicional amistad.
XII
Conclusión: La auténtica paz humana es la que nos sitúa ante una nueva y transformadora perspectiva, una ética en la cual se asume el bien antes que el deber, puesto que el deber ha de asumirse si en verdad es bueno. Muy diferente, en definitiva, de la paz idealista elucubrada por Kant y formulada como imperativo categórico, o de la paz mundial fraudulenta de las ideologías y organismos universalistas. Ambas proposiciones son y serán falsas esperanzas.
La paz que reside en los hombres y pueblos como don en su ser, es la única real, posible y verdadera, porque nace y se sostiene en la libertad del Amor en unión con Dios.
 P.S.B.

[1] Emmanuel Kant. Sobre la Paz Perpetua (1795).Alianza Editorial, (Madrid, 2004).
[2] Eric Voegelin. La Nueva Ciencia de la Política. (Katz Editores, 2006).
[3] Zoon politikón (Libro I de la Política de Aristóteles).
[4] Javier Benegas. Sociedad Terminal (Editorial Rambla, 2008)
[5] En cierta manera, desde una óptica económica liberal esto mismo ya se ha demostrado inviable. Adam Smith, utilizando la metáfora de la mano invisible afirmó en la Teoría de los sentimientos morales (1759) que el egoísmo racional de cada individuo se reconduce hacia el bienestar general. Si en términos económicos esta autorregulación social ha devenido una impostura, con mayor razón en los términos morales en que se fundamentan. A mi juicio, la paz, al igual que la riqueza verdadera, no es el producto de unos deberes morales sino el fruto de las virtudes de quiénes conforman dicha comunidad política.
[6] http://www.jean-monnet.net, en el apartado, Discours de Jean Monnet (Extraits)
[7] Para más información, se recomienda leer el Resumen del Informe de Leo Tindemans, Primer Ministro de Bélgica, sobre la Unión Europea (Bruselas, 29 de diciembre de 1975).
[8] Teniendo en cuenta que el Crack del 29 fue uno de los detonantes directos que determinó la contienda mundial iniciada en 1939, no son pocas las voces que advierten que de la crisis financiera desatada en 2008 podría originarse un próximo conflicto bélico de dimensiones globales. Una Tercera Guerra Mundial con utilización de armamento de destrucción masiva (atómico o bacteriológico) que sirviera como válvula de escape a las tensiones económicas y demográficas que se viven actualmente. Esta hipótesis, nunca descartable, supondría una reactivación económica por aplicación de una acelerada política de industrialización bélica. Esta situación nos pondría automáticamente en un escenario en el cual la paz se dinamita por cuestiones racionales, y el deber de paz, aunque a priori loable, cedería ante imperativos superiores, como son la preservación de la vida y del Estado.
[9] Esta máxima, inexacta en su literalidad, es comúnmente atribuida al escritor romano Vegecio: “Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum” (libro III, prefacio) de su obra Epitoma rei militaris (año 390).
[10] Martín Rhonheimer. La perspectiva de la moral. Fundamentos de la ética filosófica (Rialp, 2000, capítulo V “Estructuras de la racionalidad”, 2º parte: “Ciencia moral y conciencia”, punto c) “La obligación moral y su fundamentación teónoma”, pp. 325).
[12] Sermo 357, 15: De laude pacis, 2; PL, XXXIX, 1582
[13] “Los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor”

Juan Manuel Santos y las FARC firman histórico acuerdo

Hoy se firmó en La Habana el punto del fin del conflicto que debiera permitir en unos meses un acuerdo de paz definitivo con las FARC.
"Esto significa ni más ni menos el fin de las FARC como grupo armado", dijo Santos en La Habana. Además, anunció que "el Acuerdo Final lo firmaremos en Colombia". Por su parte, el máximo comandante de la guerrilla aseguró que la firma de un acuerdo definitivo de paz con el Gobirno de Colombia se logrará "muy pronto". Rodrigo Londoño, alias "Timochenko", aseguró que el pacto sobre cese al fuego bilateral de hostilidades deja a las partes "en las puertas de concretar, en un plazo relativamente breve, el acuerdo definitivo que nos permitirá por fin retornar al ejercicio político legal mediante la vía pacífica y democrática". "Estamos muy cerca de la firma del acuerdo final. Que este sea el último día de la guerra", afirmó el líder rebelde.

El Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC firmaron este jueves (23.06.2016) un histórico acuerdo para un cese el fuego bilateral y definitivo. Se trata del preludio del fin del conflicto armado más antiguo de América Latina. El acuerdo, rubricado ante el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y varios presidentes de América Latina, establece el cronograma y los procedimientos para que los rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se concentren en zonas específicas y entreguen las armas a la ONU como parte de su transición a la política.
El acuerdo, denominado "Fin del Conflicto", incluye también garantías de seguridad y la lucha contra las organizaciones criminales denominadas como sucesoras del paramilitarismo, así como la persecución de conductas criminales que amenacen la implementación de los pactos. El cese al fuego y de hostilidades permitirá colgar los fusiles antes de que las partes firmen el acuerdo definitivo de paz y significa la renuncia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia a su lucha armada de 52 años. Es la primera vez desde 1984 que un Gobierno de Colombia y el grupo guerrillero pactan un cese bilateral.
También asistieron los gobernantes de República Dominicana, Danilo Medina, actual presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), de México, Enrique Peña Nieto y la presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Asimismo estuvieron Nicolás Maduro, por Venezuela, y Salvador Sánchez Cerén por El Salvador.

Ban Ki-moon, secretario general de la ONU viajó a la isla para estar presente en el acto como invitado especial, así como los presidentes de la Asamblea General de la ONU, el danés Mogens Lykketoft, y del Consejo de Seguridad de esa organización internacional, el francés François Delattre, junto a los enviados especiales en el proceso de paz de Estados Unidos, Bernie Aronson, y de la Unión Europea, Eamon Gilmore.
Movimientos sociales colombianos saludan el acuerdo
Movimientos políticos y sociales de Colombia felicitaron hoy el acuerdo de cese el fuego bilateral y definitivo. Diversas organizaciones, junto con los movimientos Marcha Patriótica y Progresistas así como el Movimiento Alternativo Indígena y Social (Mais), y los partidos Unión Patriótica, Partido Comunista y Partido Verde, afirmaron en un comunicado conjunto que con este acuerdo, "se consolida la paz en Colombia".
"Hemos vivido el dolor de un conflicto que ha dejado más de seis millones de desplazados y 220.000 muertos, conscientes de que no podemos repetir esta historia ni perpetuarla en el futuro", señala el comunicado. Los firmantes invitaron a las organizaciones campesinas, ambientalistas, de mujeres, afrocolombianos, artistas, sectores LGBTI, sindicalistas, animalistas, jóvenes y estudiantes a que "unidos ratifiquemos el indiscutible apoyo de la sociedad colombiana al final de la guerra".
José Ortega y Gasset: "El alma tradicionalista es un mecanismo de confianza, porque toda su actividad consiste en apoyarse sobre la sabiduría indubitada del pretérito. El alma racionalista rompe esos cimientos de confianza con el imperio de otra nueva: la fe en la energía individual, de que es la razón momento sumo. Pero el racionalismo es un ensayo excesivo, aspira a lo imposible. El propósito de suplantar la realidad con la idea es bello por lo que tiene de eléctrica ilusión, pero está condenado siempre al fracaso. Empresa tan desmedida deja tras de sí transformada la historia en un área de desilusión. Después de la derrota que sufre en su audaz intento idealista, el hombre queda completamente desmoralizado. Pierde toda fe espontánea, no cree en nada que sea una fuerza clara y disciplinada. Ni en la tradición ni en la razón, ni en la colectividad ni en el individuo. Sus resortes vitales se aflojan, porque, en definitiva, son las creencias que abriguemos quienes los mantienen tensos" («El tema de nuestro tiempo»; Madrid: Alianza, 1987 [1923], página 181).

21 jun 2016

¿Podemos controlar la realidad?

Lo que antes era considerado una moda new age o algo esotérico, cada vez cobra más veracidad. Diferentes ciencias y estudios se inclinan por pensar que existiría una interrelación, directa y mayor de la que creemos, entre nuestros pensamientos y la realidad que vivimos.

Hegel decía que “todo lo que es real es racional, y todo lo que es racional es real”. La realidad, por tanto, estaría dictada por nuestra mente. Otros filósofos, como Platón, Descartes, Husserl, etc., también defendían que, en mayor o menor medida, existe una correlación entre nuestras ideas y la realidad. Y es un pensamiento que las ciencias (a fin de cuentas las ramas del saber que se interesan por el estudio concreto de la realidad, mientras que la filosofía buscaría una idea ‘global’) podrían estar demostrando: lo que vivimos está íntimamente ligado a lo que hay en nuestro cerebro, al menos en buena parte.
¿Qué significa esto? Que nuestros pensamientos podrían, verdaderamente, transformar la realidad. Que tendríamos el poder de reinventarla a partir de nosotros mismos. Cuando creemos que podemos hacer o conseguir algo, se crean las condiciones para que ese ‘algo’ se cumpla. Y a la inversa. 
Se trata de un campo que se ha planteado desde diversos prismas: físicos, neurológicos, filosóficos, etc., y al que todavía le queda mucho recorrido, pero trataremos de dar aquí una idea aproximada de la misma desde sus diferentes vertientes y posibilidades.

La vía física

Los experimentos llevados a cabo por científicos con partículas elementales estarían llegando a una conclusión clara: la mente puede crear. O más bien, escoger entre diferentes opciones para formar la realidad. Parece establecerse que las micropartículas cambian de comportamiento dependiendo de la actitud del observador, pudiendo comportarse como una onda o como una partícula. Puesto que nosotros estamos compuestos por millones de átomos, nuestras expectativas y comportamientos influyen en las partículas de las que nos componemos. Nuestra realidad sería producto de las mismas.
El átomo es un compuesto de partículas (protones, neutrones y electrones) cuya estructura, como dato llamativo, recuerda poderosamente al universo (planetas girando alrededor de soles y electrones girando alrededor de núcleos). Lo que ahora se sabe es que la materia de la que se componen los átomos es prácticamente inexistente. Las partículas dentro de un átomo ocupan un lugar insignificante, siendo el resto ‘vacío’. Esto podría traducirse como que el átomo es mucho más maleable de lo que pensamos en realidad. No son ‘cosas’, sino ‘tendencias’, posibilidades. Y la física plantea una cuestión: entre esas diferentes posibilidades, ¿quién escoge? El observador. Nosotros.
Una de las teorías más famosas de la mecánica cuántica, la teoría de los universos paralelos (surgida en 1957), viene a decir que nuestra realidad es un número de ondas que conviven en un espacio-tiempo como diferentes posibilidades, de las cuales una se convierte en ‘la realidad’. La nuestra. Lo que vivimos.
Si tenemos en cuenta todo lo expuesto anteriormente sobre el funcionamiento de las partículas respecto al observador, sus similitudes físicas en el universo y la teoría cuántica de que existen múltiples universos disponibles como realidades, se plantea la teoría de que somos nosotros mismos los que decidimos nuestra realidad, del mismo modo que hacemos con las partículas/posibilidades que la componen. Nuestros pensamientos determinarían qué realidad, de entre todas las posibilidades disponibles, vivimos. Si la realidad es una enorme estación de radio con miles de frecuencias, nuestra consciencia es la que se encarga de sintonizar la emisora.
Eso ofrece un nuevo enfoque, cuya interpretación tiene consecuencias biológicas.

La vía biológica

Mantengamos el siguiente punto de vista: la base de toda nuestra realidad está en el punto de vista desde el que procesamos e interpretamos la información que recibimos de la misma. ¿De qué modo realizamos estas interpretaciones? Desde nuestras emociones y sentimientos. Y aquí entra en juego nuestro cerebro y los posibles resultados para nosotros y nuestra vida.
Cuando un sujeto ve algo, en el cerebro se activan una serie de regiones. Lo curioso es que si ese sujeto cierra los ojos e imagina ese mismo objeto... ¡las regiones que se activan son las mismas! Nuestro cerebro no diferencia lo que es real de lo que es imaginario, solo difiere en el nivel de intensidad. Los circuitos que se activan son los mismos ante una simple fantasía que ante la más cruda realidad, y esos circuitos son la base que usa el cerebro para generar una respuesta emocional.
La región que se encarga de generar dicha respuesta es el hipotálamo. Ahí se crean los péptidos, compuestos asociados que son los responsables de las reacciones de nuestro cuerpo a nuestros sentimientos. Simplificando un proceso mucho más complejo: ante una información externa, generaríamos una emoción; esta haría que se produzcan unos determinados péptidos y estos se descargarían desde nuestro cerebro hasta nuestras células a través de sus receptores. 

Rutinas de pensamiento

¿Y qué tiene todo esto que ver con la creación de la realidad? Pues el hecho de que nuestras células tienen memoria y tal y como decía Aristóteles: “Toda virtud o defecto es un hábito de la experiencia”. Las células se acostumbran con el paso del tiempo a recibir unos determinados péptidos ante los diferentes factores externos y crean rutinas automáticas de pensamiento. Es decir, si vemos un ascensor y sentimos miedo por la posibilidad de quedarnos encerrados, nuestro cerebro, ante ese miedo, descarga en nuestro cuerpo la respuesta física adecuada contra una amenaza: aumento de la temperatura corporal, respiración acelerada, aumento del ritmo cardíaco, etc. Nuestro cuerpo no sabe si ese miedo es real o infundado, pero eso no importa, su objetivo es mantenernos vivos. Así, si cada vez que vemos un ascensor sentimos pánico, la respuesta de nuestro cuerpo terminará por ser automática: ascensor-miedo-respuesta defensiva. Estos hábitos de pensamiento con respuesta asociada son, ni más ni menos, que lo que llamamos ‘personalidad’.
A donde queremos llegar con todo esto es a que, si pensamos que somos unos perdedores, unos tímidos patológicos castrados socialmente, unos pusilánimes incapaces de terminar o empezar nada, lo más probable es que eso sea el resultado de hábitos de pensamiento y actuación arrastrados durante muchos años que, cuanto más sigamos repitiendo, seguirán construyendo ese tipo de personalidad, porque es la que estamos alimentando una y otra vez en un bucle continuo de emoción-respuesta-emoción-respuesta. Ad infinitum. Y como hemos visto en el apartado anterior sobre la física, son nuestras creencias las que podrían determinar qué tipo de realidad seleccionamos para vivirla.
Esto explica el porqué placebos y, en menor medida, drogas y medicamentos, funcionan. Rompen el bucle. Por ejemplo: un hombre tiene insomnio. Piensa que no puede dormir y, al acostarse, ese pensamiento le acompaña, resultando que cuanto más piensa que no puede dormir, menos duerme. Al día siguiente se toma una pastilla una hora antes de acostarse, lo que refuerza el pensamiento de ‘hoy sí duermo, porque he tomado una pastilla para ello’, y efectivamente, duerme. Más allá de los elementos químicos que inducen al sueño, una parte muy importante de dicho resultado es el mecanismo cerebral. Esa confianza en el resultado deseado influye mucho en la posibilidad de que se genere la respuesta adecuada (dormir, en este caso). Así funcionan los placebos: engañan a nuestro cerebro con una falsa esperanza para que este genere una respuesta nueva, y esta, con la repetición, termina generando una nueva rutina. Es algo que está demostrado: pacientes con graves enfermedades que confían en superarlas tiene un porcentaje de supervivencia mayor que pacientes que tiran la toalla. 
Esta ‘reeducación’ cerebral es lo que se conoce como plasticidad, la capacidad de nuestro órgano-rey para adaptarse y reprogramarse.

El peso de las creencias

Uno podría pensar: “¿Y? Sigue siendo la realidad el primer paso, la que establece el principio de todo el circuito. Y no la controlamos”. Sí y no.
Nuestras creencias no solo establecen nuestra respuesta, sino también la asimilación de los datos externos. Nuestros sentidos (nuestra herramienta según las filosofías empiristas, positivistas, etcétera, para conocer la realidad) registran cada día una cantidad increíble de información, cientos de miles de bits por segundo; sin embargo, solo somos capaces de acceder a un pequeñísimo porcentaje, en torno a unos 2.000 de esos bits. Lo que llamamos ‘realidad’ es solo una mínima parte de lo que hay a nuestro alrededor. ¿Y qué elementos se encargan de filtrar esos datos? ¿Quién separa la paja del trigo? Nuestras creencias, de nuevo. Lo que captamos del mundo se construye desde nuestro interior porque es él, nuestro pensamiento, el que selecciona aquella información que se agolpa en nuestra consciencia. Escogemos entre las diferentes posibilidades de la existencia. Generamos rutinas de pensamiento.
Cada asociación de ideas que logremos crea una conexión neuronal gracias a la memoria asociativa, de modo que ante una situación similar, como hemos visto, reaparecerá un pensamiento que dará lugar a una respuesta automática. Otro ejemplo diario: quienes han sufrido una ruptura amorosa traumática tendrán más problemas para encontrar el amor de nuevo, pues en su cerebro se ha asociado la idea de amor con sufrimiento. Cuanto más se asocien a esa idea, más difícil será para ellos abrirse emocionalmente, dificultando el volver a enamorarse.
La ventaja de conocer todo esto es que nos permite ver los patrones de funcionamiento de nuestra mente, y con ello, la posibilidad de tratar de revertirlos de manera consciente. Ante pensamientos negativos podemos obligarnos a pensar positivamente; ante sensaciones desagradables podemos intentar controlarnos y guardar la calma, generando en ambos casos nuevos patrones emocionales positivos de estímulo-respuesta; seleccionando información externa de un modo más adecuado a nuestros fines; escogiendo la posibilidad deseada de aquellas realidades que se nos ofrecen.

Un saber de siempre

Lo curioso es que dichas teorías ya habían sido aplicadas desde hace milenios, aunque ahora tengamos más certezas. 
En la antigüedad, los esenios (movimiento judío establecido tras la revuelta macabea) visualizaban aquello que deseaban, como si ese fin hubiera sido ya alcanzado. Similar actitud tiene el rezo cristiano en el que ‘se le pide’ a Dios y se cree, con fe, que este nos dará sin importar el cómo. Filósofos como Wittgenstein postulaban que el mismo concepto de fe era una parte inestimable de la felicidad, y Julián Marías defendían la esperanza como la herramienta básica para alcanzar la misma en vida. Concepciones más modernas, como la programación neurolingüística, hacen hincapié en que, puesto que pensamos como hablamos, la manera en que nos expresemos puede determinar nuestro pensamiento, y con él, nuestra interpretación de la realidad. El proceso de ‘visualización’ es también común entre los deportistas de élite, que reproducen mentalmente el objetivo, logro o tirunfo que desean alcanzar.
¿Tenían razón los filósofos que sostenían que controlamos la realidad? Más o menos. No dejará de haber guerras en el mundo simplemente porque pensemos que no debe haberlas. No alteraremos las leyes naturales por creer que estas son manipulables. Pero sí demuestran los hechos que la influencia de nuestro pensamiento afecta a la realidad. Sin ser una panacea que convierte el mundo en un edén, existen datos empíricos que parecen demostrar que nuestra mente es mucho más poderosa de lo que pensamos.
La apuesta de Blaise Pascal respecto a la existencia de Dios decía: “Aun cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, sería compensada por la gran ganancia que se obtendría de ella: la gloria eterna”. Del mismo modo, la creencia de que nuestra mente tiene capacidad para transformar la realidad, aunque sea solamente probable, está revertida de un beneficio inmenso respecto a la creencia contraria. Significa que todo puede cambiar. Una perspectiva demasiado bonita como para dejarla pasar, ¿no creeis?
■ Jaime Fdez-Blanco Inclán