27 sept 2013

HERACLITO, EL PADRE DE LA DIALÉCTICA


HACIA el año 500 A. C.1 vivía en Efeso un filósofo notable en muchos sentidos, pero que se destacaba sobre todo por ser el padre de la belleza más extraordinaria que conoció la antigüedad. 

Era ella una adolescente alta, esbelta, graciosa, bien dotada por donde se la mirara. Cuando caminaba por las calles de Efeso, luciendo su peinado alto, sus hombros maravillosos descubiertos por la túnica ceñida y su rostro de diosa, todos los transeúntes se quedaban absortos, con los ojos desencajados y la mandíbula colgante, sin poder articular palabra. 

Los varones de Efeso se desquitaban de aquella mudez involuntaria lanzando al padre de la maravilla, Heráclito, los piropos que eran incapaces de pronunciar ante su hija. es así que caminaba hacia la plaza del mercado a dialogar con sus alumnos, fuera solo o acompañado, Heráclito oía una serie continua de frases que, de algún modo o de otro, constituían elogios para su hija:
  —¡Suegro! —le decían algunos.
—¡Profesor de genética! —le gritaban otros.
Y los más tímidos se contentaban con comentar:
—Ahí va Heráclito, el padre de la Dialéctica.

La madre de Dialéctica, esto es, la mujer de Heráclito, era también una mujer hermosa, con una belleza algo opacada por los años, pero que conservaba todo el ardor de sus años mozos, que no era poco, pues el clima caluroso de Efeso condicionaba en sus mujeres un temperamento ardiente y apasionado. No es raro, pues, que cuando Heráclito buscó alguna solución para el que entonces se consideraba el problema fundamental de la filosofía —la materia prima del universo—, encontrara esta respuesta: “Todas las cosas fueron hechas de fuego”.

Sí, todas las cosas, empezando por su mujer y su hija. El propio Heráclito no lo hacía mal, pues echaba chispas cada vez que alguien aludía a la belleza de aquéllas. Sus celos, estimulados por la admiración no disimulada que sus conciudadanos sentían por la joven Dialéctica y, su madre, generaron en Heráclito una hostilidad cada vez mayor hacia todos los hombres. En sus clases solía aconsejar a sus alumnos que, en nombre de un futuro mejor para la humanidad, se ahorcaran. Ellos querían que su maestro les diera el ejemplo, pero la modestia le impedía aéste ser un precursor. El único hombre que inspiraba respeto a Heráclito era Teutamo, porque opinaba que todos los hombres son unos bellacos.
Heráclito inventó un método lógico, o sea, un sistema para pensar correctamente, al que llamó “dialéctica”, en homenaje a su hija. Dicho en pocas palabras, el método dialéctico afirma que a cada cosa o tesis (por ejemplo el hombre) se opone otra cosa que es su contrario o antítesis (la mujer). Las cosas opuestas están en lucha constante, y de esa lucha (o de la reconciliación, en el caso del ejemplo) nacen nuevas cosas o síntesis (los bebes).

Al mismo tiempo que la lucha de los opuestos produce nuevas cosas, las cosas viejas se destruyen, a causa del desgaste probablemente. De este modo, la conclusión última del método dialéctico es que todo está cambiando constantemente: los hombres, la naturaleza, la sociedad, el precio de las papas, etc. Todo cambia. Nada permanece.

Heráclito tampoco permaneció. Un buen día murió; su cadáver se hizo polvo;el agua de su cuerpo se evaporó y formó parte de las nubes, cayó sobre los campos en forma de lluvia; fue arrastrada por los ríos hasta el mar, y allí volvió a evaporarse, para continuar cambiando constantemente. Cuando tome un vaso de agua, piense que tal vez hay en él algunas moléculas del cuerpo de Heráclito. (Jose Leonidas).

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